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“Mi amor por ti es tan eterno como el jade“

Así reza una estela donde un príncipe maya declaraba su amor. El jade de los Olmecas, Mayas y Aztecas era símbolo de eternidad ya que tendrá la misma apariencia a medida que pasen los años. La importancia de las piedras y los minerales en Mesoamérica radicaba no sólo en los usos que se les daba sino en que en muchos casos se les relacionaba con el Universo.

Los Olmecas fueron los primeros en reverenciar el jade, porque para ellos representaba la esencia de la Serpiente Emplumada, y con él diseñaron objetos para ofrendar a los dioses desde 1,500 años antes de Cristo. Fueron los primeros mesoamericanos que labraron el jade. Pequeñas cuentas y pendientes datan de 1,000 años antes de nuestra era y joyería exquisita, objetos rituales, figurillas y máscaras de tamaño natural fueron laboriosamente labradas en duro y traslúcido jade color turquesa con la mayor maestría.

La civilización Maya también reverenciaría el jade, pero prefirió el de tonalidades más oscuras, símbolo de los recursos más preciados, el agua y el maíz. El jade se asoció a Yum Kaax, la joven deidad del maíz y mazorcas labradas en jade embellecieron templos y pirámides. La nobleza lucía ornamentos de jade, incrustaba jade en sus dientes y eran sepultados con máscaras de jade para que su jerarquía fuera reconocida incluso después de la muerte. En Antigua, Guatemala, existe un Museo del Jade donde se explica el proceso de extracción, transporte en mulas y trabajo de las piedras.

Los métodos han cambiado poco desde aquellos tiempos en que Cortés desechó aquellas piedras verdes. Cortés no creyó al Rey Azteca que le dijo que cada piedra valía dos pepitas de oro. No conocía el valor de las cuentas y las despreció como si fueran solo piedras. Hoy, el valor del jade es sólo superado por el del diamante. El jade es raro y solamente se encuentra en algunos pocos lugares del mundo. En Birmania y en Guatemala se encuentran las únicas minas que se explotan comercialmente.

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Japón, Suiza, Rusia y Estados Unidos cuentan con reservas naturales, pero su ubicación no las hace económicamente rentables.

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