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¿Estamos desadaptados por culpa de la agricultura?

Nuestro cuerpo, que evolucionó durante millones de años hasta adaptarse a un estilo de vida altamente móvil, tuvo que empezar a adaptarse en tan solo 13.000 años a pasar el 90 por ciento de su día casi sin movilidad.

Si viajásemos dos millones de años atrás en el tiempo, en África nos encontraríamos a los más antiguos representantes del género humano. Podríamos ver que se han adaptado a un estilo de vida cazador recolector, altamente móvil, caminando kilómetros y kilómetros por día. Un estilo de vida que los humanos han mantenido durante 1.987.000 años de los 2.000.000 que tenemos sobre este planeta.

Si prestamos atención a esos dos grandes números, veremos que apenas hay unos 13.000 años de diferencia, son los últimos años de historia de la humanidad, que los ha pasado con un estilo de vida radicalmente diferente. Ese cambio radical lo ha generado la adopción de la agricultura, la domesticación de plantas y animales, que comenzó a aparecer hace unos 13.000 años, de forma independiente en diferentes partes del mundo.

Esta pequeña modificación en el modo de subsistencia cambió de forma drástica la historia del género humano. Principalmente por la dependencia que nos endilgó sobre los alimentos que elegimos para domesticar, apenas un puñado, comparado a la alta variedad que caracterizaba a la dieta de los cazadores recolectores. Pero, en igualdad de importancia tenemos al abandono tajante de la movilidad que había caracterizado al género humano por 1.990.000 años.

Huesos livianos 
Un estudio de diciembre de 2014, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, muestra que los huesos humanos se volvieron cada vez más gráciles en las culturas que adoptaron la agricultura. Los huesos de nuestros antepasados cazadores recolectores eran un 20 por ciento más macizos.

Esto no tendría que ver con un cambio en la dieta, dicen los autores, sino con una pérdida de la movilidad por el paso a la vida sedentaria. No sería un cambio evolutivo que venimos pasando de generación en generación, sino que desde pequeños tenemos menos actividad que los niños cazadores recolectores, por lo que nuestros huesos crecen más débiles.

Uno de los autores del estudio, Colin Shaw, de la Universidad de Cambridge, Gran Bretaña, había publicado otro estudio similar en 2013 en Journal of Human Evolution, en el que se comparó los huesos de cazadores recolectores de hace unos 50.000 años, con los de humanos actuales comunes y corrientes, y con los de atletas.

Atletas versus cazadores prehistóricos
Los resultados haría empalidecer incluso a los atletas que ejercitan de 5 a 6 horas al día, y corren entre 130 y 160 kilómetros por semana. Un cazador recolector prehistórico tenía una actividad física diaria de exactamente el doble, que la del atleta profesional. Es que aquellos cazadores recolectores de hace 50.000 años solían recorrer una región de entre 3.000 y 5.000 kilómetros cuadrados.

Mejor no mencionar dónde queda el humano promedio actual, para no pasar vergüenza. Bueno, ante la insistencia, contamos que una persona que realiza ejercicio al menos dos veces por semana, ni si quiera alcanza a un tercio de la actividad física de aquel antepasado prehistórico.

“No es la agricultura la que nos hace más débiles, o proclives a determinadas enfermedades, son estilos de vida”, nos cuenta el antropólogo argentino José Luis Lanata, investigador del CONICET y director del Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio.

“Sin duda que una vida sumamente sedentaria como la que estamos llevando hoy en día en las ciudades, pasando ocho horas sentados delante de una computadora, produce cambios en distintos órganos, en nuestros huesos, en nuestra vista”, continúa Lanata. “Una dieta monótona como la que produjo la agricultura genera problemas, mientras que una dieta variada es para lo que hemos evolucionado. Pero también es malo para nuestra salud no tener actividad física”.

¿Desadaptados por culpa de la agricultura?
Nuestro cuerpo, que evolucionó durante millones de años hasta adaptarse a un estilo de vida altamente móvil, incluso superior al de un corredor olímpico actual, tuvo que empezar a adaptarse en tan solo 13.000 años a pasar el 90 por ciento de su día sentado, casi sin movilidad. Esto nos trae problemas como los dolores de espalda, entre otros. Así es que, ¿estamos desadaptados?

“Creo que ni estamos adaptados, ni desadaptados”, dice a Scientific American Carles Lalueza Fox, experto en paleogenética paleogenética del Instituto de Biología Evolutiva (centro mixto del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra), España. “Existe una tendencia actual (que se refleja incluso en modas como la paleodieta o el paleotraining), a considerar el modo de vida cazador-recolector como más saludable; yo no creo que fuera así; claramente el modo de vida agricultor tenía diversas ventajas que propiciaron su expansión, entre ellas, un incremento poblacional y la posibilidad de almacenar excedentes alimentarios”.

“Es evidente que esto tuvo que constituir una gran fuerza selectiva y que nosotros somos, en el fondo, los descendientes de los agricultores que sobrevivieron a estos desafíos adaptativos”, concluye Lalueza Fox.

Vía: http://www.scientificamerican.com/

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