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La gran ciudad de piedra de Zimbabwe

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En el sudeste de Zimbabwe, entre los ríos Zambeze y Orange, antigua Rhodesia, y muy cerca de la ciudad de Fort Victoria, hay una ciudad en ruinas que supone un misterio desde hace siglos, descubiertas por casualidad en el año 1.868 por un cazador llamado Adam Renders. Comerciantes y navegantes hablaban de un lugar que en el idioma de los shona se llamaba dzimba dza mabwe, “grandes casas de piedra”. La leyenda dice que se trata de la ciudad de la reina de Saba.

El Gran Zimbabwe está considerado como el santuario nacional del actual Zimbabwe, en donde se halló el Pájaro de Zimbabwe, el símbolo nacional del país. Actualmente es un lugar arqueológico de gran importancia.

UNA GRAN CIUDAD DE PIEDRA 

Los primeros europeos que contemplaron las ruinas fueron los portugueses, en el siglo XVI. Fueron ellos los que difundieron la leyenda de que era la ciudad de la mítica reina de Saba. En 1871, el investigador alemán Karl Gottlieb Mauch (1837- 1875) logró encontrar Gran Zimbabwe.

Muchos de los interrogantes que plantean sus ruinas desde entonces están relacionados con la destrucción de vestigios arqueológicos por parte de cazatesoros y arqueólogos aficionados entre 1890 y 1910. Las ruinas de lo que es hoy el Gran Zimbabwe están entre las más antiguas y de más grande estructura localizadas en el África Subsahariana. En su apogeo, se cree que el Gran Zimbabwe albergaba a unos 18.000 habitantes. Las ruinas que han sobrevivido hasta nuestros días están construidas completamente en piedra. Las ruinas cubren un área de 7 km² a lo largo de una zona con un radio de 160 a 320 km.
La ciudad en ruinas consta de tres partes: la llamada Acrópolis, que se alza sobre una colina en medio de curiosas formaciones rocosas, el valle de las Ruinas y el recinto Elíptico o Gran Plaza. Más de 300 estructuras se han localizado hasta el momento en la Gran cerca. Los distintos tipo de estructuras pétreas que se han encontrado en el sitio arqueológico dan una idea del estatus social al que pertenecía el recinto. Las estructuras más elaboradas probablemente se construyeron para los reyes, las cuales se encontraban más alejadas del centro de la ciudad. Se cree que esto es así con la intención de prevenir caer en la enfermedad del sueño.

Este último está rodeado por una muralla de piedra de 253 metros de largo construida sin mortero y cuyas piedras están talladas como ladrillos. Tiene una altura de entre 4,9 y 10,7 metros. El interior del recinto está distribuido en numerosos edificios y plazas pequeños que no se sabe para qué servían. Sin embargo, el mayor misterio de todos es la torre cónica situada junto al muro exterior. Dicha torre ha estimulado la fantasía de los investigadores desde siempre, ya que no desempeña ninguna función aparente y carece de puertas, ventanas y escaleras.

Algunos opinan que se trata de un símbolo fálico-religioso, emblema de la fertilidad del país, mientras que otros la consideran algo así cómo una torre de señalización o un observatorio.

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EL ORO DEL REY SALOMÓN

La búsqueda de las fabulosas minas de Ofir, de donde procedían los tesoros del rey Salomón, ha ocupado al hombre durante siglos. En 1522 el historiador portugués Joáo de Barros describió una fortaleza en Sofala que ostentaba una advertencia indescifrable en la puerta. Los habitantes de la región se llamaban symbaoe, lo que suena muy parecido al actual Zimbabue. Los primeros hallazgos se remontan hasta el siglo IV a.C.

La ciudad vivió su época de máximo esplendor, que se prolongó durante más de 400 años, entre los siglos X y XV como centro del Imperio Munhumutapá, que abarcaba los países actuales de Zimbabue y Mozambique. Esos cuatro siglos se dividen en tres períodos: ya en el siglo XI existía una poderosa zona de influencia, puesto que la extracción de oro se inició alrededor del año 1000. Se sospecha cierta influencia hindú, porque la técnica de prospección utilizada es la misma que en la India.

En el segundo período, a partir del siglo XIII, el comercio exterior tuvo que intensificarse notablemente, puesto que en 1932, durante unas excavaciones sistemáticas, fueron descubiertos fragmentos de cerámica de la dinastía Ming (1384-1644) y de la Persia de los siglos XIII y XV.

Ese comercio floreciente y la riqueza que comportó dieron lugar a la arquitectura monumental cuyas ruinas se pueden admirar en la actualidad. Gran Zimbabue empezó a decaer en el siglo XV, al iniciarse el tercer período. Las causas del declive de una civilización tan avanzada, la única de África a excepción de la egipcia muy anterior a la invasión árabe y el colonialismo europeo, no están claras. Se cree que pudo deberse al fin o la interrupción del comercio exterior.

GRAN ZIMBAWE, CENTRO COMERCIAL

El arqueólogo Wilfried Mallows defiende la teoría según la cual Gran Zimbabue fue un importante centro comercial que, más tarde, fue utilizado por los árabes como enclave para el tráfico de esclavos. El singular carácter de la ciudad en ruinas y su fascinante relación con Arabia, la India y el Lejano Oriente dan alas a la imaginación de investigadores y visitantes y la convierten en uno de los monumentos más grandiosos y enigmáticos del mundo.

Los arqueólogos han determinado que Gran Zimbabwe fue construida entre los años 1200 y 1450, por los shona, de la etnia bantú, que se hicieron muy ricos traficando con oro. Sus sumos sacerdotes, adorados como divinidades, vivían probablemente en la ciudad.

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EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS

Bent, cuya experiencia arqueológica se había circunscrito a Grecia y Asia Menor, declaró en su libro The Ruined Cities of Mashonaland publicado en 1891 que las ruinas mostraban que los constructores habían sido, bien los fenicios, o bien los árabes. Por otra parte Mauch favoreció la leyenda que afirmaba que los edificios fueron construidos como una réplica del palacio de la reina de Saba en Jerusalén.

Según otras teorías seguidas por colonos blancos y académicos, producto de la visión eurocéntrica de la época, afirmaban que las edificaciones no habían podido ser construidas por gentes de raza negra sino por algún pueblo mediterráneo o norteafricano. En el siglo XIX las culturas africanas eran vistas por las potencias coloniales europeas como desprovistas de todo sustrato de civilización. La idea contraria, de un Gran Zimbabue erigido originalmente por alguna cultura africana ha ido en contra de la visión racista de antaño.

La primera excavación arqueológica verdaderamente científica la llevo a cabo David Randall-MacIver entre 1905 y 1906. Escribió en su libro titulado Medieval Rhodesia que había encontrado objetos con un origen eminentemente africano. En 1929, Gertrude Caton-Thompson fue la primera arqueóloga que, de manera concluyente, aseveró que aquellas ruinas había sido levantadas por africanos.

Actualmente se ha probado, mediante dataciones de radiocarbono, que los restos más antiguos se remontan al siglo XIII. Hoy en día los arqueólogos están de acuerdo en que probablemente los constructores serían de alguna etnia de habla shona. Los lemba, una tribu de lengua shona que afirman ser descendientes de los antiguos judíos, y que viven a lo largo de la frontera entre Zimbabwe y Sudáfrica, reclaman el Gran Zimbabwe y las otras ciudades de piedra del este de África como parte de su legado. Ciertas características de la arquitectura swahili en la costa este recuerdan aquellas de Zimbabwe, en particular la gran torre.

Algunas personas sostienen que el Gran Zimbabwe fue de hecho creado por los dioses a los cientos de miles de años atrás, y que la tierra mantiene una conexión cósmica con estos seres divinos. Como resultado, muchas personas visitan el Gran Zimbabwe para meditar y comulgar con el más profundo de la energía que se dice que residen en el lugar. Otros sostienen que el lugar fue construido por los extranjeros, y se utiliza como base la explotación de oro para sus necesidades, y que mantienen un interés especial en el sitio.

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